She was the mother goddess of nature, the living symbol of all life on earth. Beautiful and charming, with blond hair and a pair of eyes equal to two stones of emerald. The daughter of Cronus, a woman with a powerful but gentle personality, loved by the workers. In front of others, Demeter showed itself as a charitable deity, lacking of any kind of prejudice but ,deep down of her thoughts, there was a place that produced an indescribable revulsion. She would prefer to avoid setting foot in caves leading to the cursed kingdom, get as far away as possible from the gate of death, and yet she was there because of a higher reason, more powerful than death.
‹:✿:› ────“……” the goddess was silent as she walked through the dark, with a long robe covering her figure in the shadows. Didn’t want to be seen at the moment, at least until being reunited with her daughter.
demetra-ceres-blogsent: Se movió acompañada por una cortina de hojas hasta la estancia del rey del inframundo a quien buscaba con impaciencia. Al encontrarlo lo observo un tiempo en silencio antes de avanzar los pasos restantes que los separaban. Estuvo a punto de moverse y cumplir la encomienda pero resolvió dejar el beso con suavidad en su pómulo izquierdo. Sintió un tacto de tristeza en eso...
Entre los escondrijos de tu Reino, estabas solo, sentado en una posición no muy apropiada para un Dios mucho menos para el Rey del Inframundo, diversos pensamientos vagaban en tu mente, ninguno sin verdadera forma, ninguna sin verdadera importacia como para buscarles un final adecuado.
Un beso fue lo que te hizo salir de tales enredos, abriste los ojos, más de lo que ya se encontraban. ¿Un beso? Tus dedos viajaron a la montaña en donde fuiste marcado, mirando a la Diosa rubia con reflejos esmeralda delante de él. ¿Y ahora? ¿Qué era lo que eso significaba? ¿Cariño de hermanos o una jugarreta de los entes ociosos que se asoman a fastidiar a todos, incluso a los Dioses.
Fue un tanto avergonzante descender a los reinos del Hades por la encomienda de un beso destinado a su gobernante. Refunfuño mucho primero casi como si evocara de alguna aniñada forma los indicios de una personalidad infantil aunque se contara entre las diosas más maduras de su generación. Era inevitable que luego de realizado el juego se encendieran sus mejillas como ejemplo a los demás de su decoro (cosa rara entre los dioses).
“Yo…” tartamudeó al verse atrapada en mitad de su crimen. “Pensaba que estabas dormido y… quise despertarte”. Sus palabras la traicionaron para boicotear su única oportunidad de anteponer un excusa que amortiguara lo sucedido. ¡Hades no era exactamente una bella durmiente para despertarlo a besos!
— Parece que ya no puedo entrar en mis más profundos pensamientos sin que alguien venga a inquietarme, por un momento pensé que era Persefone o Pandora, peor nunca me esperé verte a ti.— Mencionaste tranquilo después de aquella manera de desértar tan abierta a preguntas.
—No creí que volvieras a mi reino Démeter, acaso ¿Ya me extrañabas? — Preguntasté sin temor a una mala reaccion por la Diosa, ya que a pesar del grato afecto que recibiste, no era grato que te sacaran de tu soliloquio de esa manera, de modo que aunque fuera por poco, estabas hóstil.
Cumplir la voluntad de un hechizo le estaba jugando una mala pasada. Tener que dar explicaciones de lo que habia hecho la hacia sentir como una niña siendo regañada y ese era un sentimiento que no le gustaba en lo absoluto. Ella podia ser tranquila pero odiaba la descortesía y estuvo a un segundo de regañar al Dios del Inframundo de no ser por una voz en su cabeza que la convenció de no hacerlo. Hades tenía motivos para estar molesto y ser un patán. A nadie le gusta ser interrumpido mientras duerme ni siquiera los dioses.
“No es eso…” afirmó quizá cometiendo un error. Eso era como decirle que le daba lo mismo verle que no hacerlo. “¿Estabas soñando?” los nervios la llevaban a hacer preguntas tontas. Se castigaría a ella misma después por idiota.
demetra-ceres-blogsent: Estaba temblorosa ante lo que estaba apunto de hacer. ¿Por qué tantos nervios por algo tan simple como un beso? para nadie era un misterio su pasado juntos aunque de eso evitaran hablar en público o en privado. Respiro lo más hondo que pudo y camino decidida hasta el rey de los dioses a quien miro por un momento antes de inclinarse y dejarle un beso sobre el pomulo izquierdo.
Guardó silencio a la espera respetuosa del habla de la doncella, mirando con desconcierto el tímido gesto contenido en las facciones femeninas. Un brillo destiló su refulgencia dentro de los verdosos discos como anuncio de lo venido; fugaz beso que acarició la mejilla suave del rey, acto recuerdo de las épocas amantes.
Al robarle ella el calor de su contacto, tornó el rey a tenderse y, curvando los labios, sonreirle cuando su mano tomara para plantar otro beso en las falanges de sus dedos.
—-¿Acaso no olvidas el oculto fuego, Demetra mía?—jugó, prendido en reto, conciente de los males que sobrevendrían. No atendía a ellos, sólo al precario romancero. —Tan atrevida…
Sus planes eran sencillos: hacer lo mandado e irse por donde vino. No es como si estuviera esperando otra cosa del soberano de los cielos. No. Por supuesto que no. Su historia juntos hacia mucho que había terminado en buenos términos y ninguno de los involucrados tenia motivos grandes para recaer en lo mismo. Sin embargo el padre de los dioses era un coqueto que para cuando se dio cuenta ya le había apresado la mano dedicándole hermosa poesía desde sus perlados labios. Primero estuvo muy sorprendida por el acercamiento que disparó la abertura de sus ojos mas luego la sorpresa se transformó con rápidez en una pena enorme que rayaba en desesperación.
“¡OOOOH! ¡Tú siempre eres igual!” chilló todavía con la mano cogida y las mejillas echando fuego. Sin tardarse ni un instante empezó a sacudir tanto su extremidad como su cabeza que por poco no se desatornillaba de los tirones que accionaba. “¡SUELTA! ¡suelta!”
¿Cuál era el linde de su galantería? Inasequible el acceso a la respuesta, para él todo pintaba a juego en los campos de Eros primigenio en donde bailaba desnuda la encantadora hija de Urano. Cándidez rutilante la de las mujeres inexpertas o maduras que al más pequeño detalle obsequioso ven enceder sus blanquecinas mejillas con el fulgor de dos luceros perdidos en altamar como rojizas señales de vida a espera de ser visibilizadas por algún solitario náufrago.
Las ondas acústicas de una serena risa hallaron salida del interior de la divinidad, dejando escucharse con placentera armonía, transportando en sus notas la incapacidad de herir tímpano alguno por su bajo rango. Artificial son introducido como prefacio al acto; de las cadenas liberó la otra carne, rompiendo el contacto que mantenía a base de un nulo esfuerzo.
—-No te inquietes, Deméter. No te retendría contra tu voluntad--acotó, ofreciendo el tesoro de una mágica sonrisa.
Con el pasar de los siglos la diosa de la agricultura habia aprendido a sobrevivir al padre de los dioses. Sabia que si se tomaba en serio todo lo que decía estaría perdida. Zeus no quería a nadie más que al deber al cual estaba atado. Su único amor real estaba muy lejos de ser una diosa o una mortal. Aunque pensaba que eso era triste Deméter sentía admiración por el nivel de abnegación de su hermano pequeño…un hombre que atendia a su labor incluso sacrificando lo demás.
Su mirada se estancó en su propia mano que acababa de ser liberada y por un par de segundos no dijo nada. Sus dedos recorrieron la superficie de la piel que llevaba desnuda haciendo que una maternal sonrisa usurpara sus labios y le regalara una sútil risa.
“Nunca cambias. Serás por siempre el galán de las historias, ¿o me equivoco?” bromeó para tratar de hacer desaparecer el ambiente extraño que le resultaba riesgoso. Después de eso hizo otro silencio. De pronto una inspiración divina le urgió hablar. “Zeus…quedate así…tal como eres ahora.” dijo sin sentir pena por dejar salir un pensamiento personal. Las palabras simplemente surgieron de su boca para dar forma a un afecto que albergaba adentro. “…como eres de amable y honrado. Mi hermano pequeño…aquel niño de buen corazón” .
Los primeros brotes habían madurado para sonreirle al sol aquella mañana. Durante muchas noches la diosa madre empeñó la suma de sus fuerzas en las preparaciones de la nueva estación que dentro de poco nacería una vez más por la alegría de un reencuentro esperado. Decían que la llegada de la primavera era la viva manifestación de la dicha de la diosa por volver a ver a su hija más allegada que por el tiempo de seis meses se guardaba en la profundidad del inframundo al cual había sido llevada hacia muchísimo tiempo atrás. Como todos los 21 de todos los años le esperaría debajo de un árbol, resguardada de los rayos por el escudo de su sombra observando a su amada vegetación expresarse con lentitud y calma sobre el globo terrestre.
“…Persefóne” pronunció con una sonrisa de orgullo materno sin moverse del puesto pautado. “¿Vendrás hoy aquí? Vamos, te estoy esperando. No me dejes impaciente…”.
Si la otra diosa más joven la escucharía desde el averno o no, no estaba segura pero su instinto de madre le indicaba que adónde ella estuviera jamás estarían separadas en totalidad.
-No importaba si fuera luz u oscuridad, no le era suficiente su estadía con su amado y con su madre, pero necesariamente aquel acuerdo la obligaba a distanciarse un tiempo de sus dos personas especiales. Habiendo llegado el momento de regresar al lado materno tenía dos sentimientos, alegría y tristeza, la tristeza por alejarse de su amado y la alegría de reencontrarse con su madre. Podía sentir dentro de su ser el llamado de su amada madre y sin mirar atrás se dirigió a la salida para la vista verde que ya estaba sobre la tierra. Apresurando el paso se dirigió al punto en donde siempre se veían madre e hija, llegando divisó la figura femenina que la esperaba-
“Madre” -Dijo con una voz suave y feliz brotando de ella unas leves lágrimas de alegría, no importaba siempre lloraba de felicidad con ese reencuentro. Apresuró mas el paso para dirigirse hacia ella y darle un cálido abrazo aún con lágrimas en sus ojos-
Una sonrisa pronunciada se grabó en su cara y sin esperar un segundo más se dirigió corriendo hacia la diosa más pequeña para recibir su abrazo y estrecharla ella misma en uno todavía más fuerte. Su cariño era tal que incluso sintió como separaba a su hija del suelo por un par de centímetros mientras giraba con ella en una danza de pura euforía.
“¡Persefóne!¡Persefóne, persefóne!” el nombre se escapó de su boca repetidas veces por la alegría de volver a verla. “¡Como has crecido! ¡Estoy muy feliz por esto! Pero…¿has comido como corresponde? ¿por qué pesas tan poco?” los detalles no se escapaban a la sobreprotección de la diosa madre. Quizá fueran solo dos gramos pero ella lo notaría.
Afrodita le caía bien ya que podían hablar de diversos temas. Observándola danzar en mitad del lago la indujó a continuar pataleando sobre la superficie humedecida de vez en cuanto sin sentir pena porque alguien la viera jugando. En tanto hacia una cosa no dejaba de hacer la otra que era escuchar a su compañera, quien despertaba mucho interés con su conversación.
—Entonces los romances y la belleza son como las flores…—comparó a su especial forma de ver las cosas. —Existen muchos tipos de flores, las hay enormes o pequeñas, exuberantes o discretas, de colores fuertes o claros…si el amor tiene tantas vidas como las flores puedo entender porqué te interesan tanto ya que amo las flores. De ahora en más valoraré de otra manera las historias de amor…
Hubiera reído por la alegría del momento pero la propuesta de la otra diosa solo dejó una sonrisa corta y un par de mejillas sonrojadas. ¿Consejos en el amor? ¿ayuda? podria decirse afortunada por tener una asesoría como la suya pero había un problema…
—¿Qué dices, Afrodita? Tú mejor que nadie sabes que mis romances nunca terminan bien—retrucó para exponer su resignación a encontrar un compañero de eternidad —…perderías tu tiempo.
Tomó el largo de su vestido con cuidado, dejando que las gotas cayeran de aquella blanca tela. Rio suavemente al ver como su reflejo se veía distorsionado por las ondas que producían las gotas de su vestimenta, nuevamente volvió a girar sobre sus talones. Jugar con el agua era realmente divertido, mucho cuando estaba acompañada en su juego.
La calma volvió a su traje, cuando sus movimientos se vieron detenidos, para prestar mejor atención a las palabras de su acompañante.
⊰❤⊱ ─── Efectivamente, el amor puede ser representado tal como lo has dicho en las flores. Pero el ver que con un ejemplo con el que convives todos los días, has entendido mi punto es realmente maravilloso - Confesó, amablemente. Mostrar el significado del amor a los demás era algo que llenaba de absoluto gozo a Afrodita.
Pasó sus manos detrás de su cuerpo, esperando ansiosa por una respuesta a su propuesta. Y vaya que era una gran propuesta, no todos los días podías contar con el apoyo de la Diosa del amor para encontrar a tu pareja.
⊰❤⊱ ─── Eso es porque no has tenido mi ayuda hasta este momento, así que no será una pérdida de tiempo - Rió, acercándose hacia la contraria.- Dime, Demeter ¿Hay alguien que haga palpitar tu corazón? Puede ser hombre o mujer, no te preocupes puedes confesarte abiertamente ante la Diosa del amor.
Afrodita había nacido cubierta con la belleza más notoria de entre todas las diosas que vivían en el Olimpo, tanto así que se contaba que no había mortal u dios que se resistiera a sus encantos si ella se proponía conquistarlo. No solamente Ares cayó bajo su magia sino también otros dioses como Apolo, Poseidón, Hermes, Hefesto y muchos más. Deméter sabia que ella también era hermosa por ser una diosa, pero quizá su personalidad y actitudes no tan delicadas terminaban por desencantar a sus posibles pretendientes. Si a un dios habia amado se habia visto de igual forma incapaz de retenerlo a su lado. Poseidón (quien decía haberla querido desde niños) había tomado su inocencia y le dejo poco después con la misma rápidez con la que Zeus entró a su vida para darle una niña. Por ambos expresó amor de alguna forma pero sus muestras jamás fueron suficientes. Siempre había otra persona, otra diosa, dios, u mortal que llenaran los vacíos que ella no podía. ¿Era ella el problema o ninguna de sus relaciones apuntaban al triunfo? Aunque por momentos de debilidad se lo cuestionaba no dejaba que la negatividad la invadiera. No necesitaba a un hombre. Jamás lo necesito.
—Si hubiera alguien solo me traería muchos problemas…–dijo tras un profundo silencio. –Hombres o mujeres, no me importa el género, pero aunque contara con tu ayuda no tendría puestas mis esperanzas en nada, Afrodita. No estoy esperando que alguien me mire o me tome como su señora esposa. Me gusta mi soledad, no estar atada a nadie ni a nada. Soy libre de esta forma supongo o, al menos, eso pretendo creer.
Keres: ¡Ya pude contestar lo que me faltaba! Les pido perdón a tod@s por la tardanza. Ya saben porqué no me pasaba por acá (lo puse en el blog de Sonia por si no lo vieron) pero trataré de estar más al corriente con ustedes asi no nos perdemos la pista x3 También quería pedirles el favor que si me pase algún reblog me lo digan porque tengo olvidos graves y se me va todo. ¡Eso es todo por ahora!
Se tomó su tiempo para recuperarse de su eventual sonrojo pero tan pronto comenzó a escuchar a la diosa más hermosa de todas hablan con locuacidad pudo relajar su respiración y apagar el rubor de su cara. Menos mal que su “espía” habia sido una mujer, pues de sorprenderla un hombre herviría en colores.
Con lentitud adoptó una posición menos rigida, aflojando sus brazos y piernas a causa de la tranquilizadora risa de la otra diosa que creaba por acto de magia un clima mucho más intimo y de confianza. Suavizando el hálito que salía de su cuerpo condujó sus manos desnudas a su regazo, indicando que le oía con toda su atención. no estaba molesta, solo un poco sorprendida y —a la larga—hasta agradecida por tener una compañía en ese día.
—¡Yum!—asintió de modo efusivo para responder a su pregunta. — Me siento honrada que pienses que mis poderes crean algo a lo que puedas llamar hermoso. Mucho más teniendo en cuenta que uno de tus méritos es la belleza por sí misma, Afrodita. ¿Dices que viniste a ver a los mortales enamorados? de nosotros eres la única que parece disfrutar de los romances a ese punto…
La joven solo mantenía su sonrisa en su rostro. Era emocionante ver las reacciones de la joven Olímpica, al ser descubierta tomando un descanso. No había duda alguna, todos los seres vivos inmortales o no, actuaban de forma diferente aunque se encontraran en la misma situación y sin lugar a dudas era entretenido.
Se bajo del pequeño lugar, para ingresar sus pies en el lago e inclusive dar una pequeña danza en el sitio, era divertido ver como el agua cristalina acompañaba a la Diosa de gran belleza.
⊰❤⊱ ─── ¿Por que dices algo así Demeter? Que sea la representante de la belleza y el amor o quiere decir que no puedo reconocer la belleza que otros crean con sus manos. Existen muchos tipos de belleza, no solo la física ¿No lo crees? - Rio nuevamente con gracia jugando con su cabello.- Cada historia de amor es maravillosa, de humanos o de Dioses. Como representante del amor debo estar en todos los lugares donde se exprese tal sentimiento, para ayudar y aconsejar. Incluso puedo hacerlo contigo si lo deseas.
Sus palabras eran mas que nada una inocente broma aunque nunca se sabia que reacciones podía crear.
Afrodita le caía bien ya que podían hablar de diversos temas. Observándola danzar en mitad del lago la indujó a continuar pataleando sobre la superficie humedecida de vez en cuanto sin sentir pena porque alguien la viera jugando. En tanto hacia una cosa no dejaba de hacer la otra que era escuchar a su compañera, quien despertaba mucho interés con su conversación.
–Entonces los romances y la belleza son como las flores…–comparó a su especial forma de ver las cosas. –Existen muchos tipos de flores, las hay enormes o pequeñas, exuberantes o discretas, de colores fuertes o claros…si el amor tiene tantas vidas como las flores puedo entender porqué te interesan tanto ya que amo las flores. De ahora en más valoraré de otra manera las historias de amor…
Hubiera reído por la alegría del momento pero la propuesta de la otra diosa solo dejó una sonrisa corta y un par de mejillas sonrojadas. ¿Consejos en el amor? ¿ayuda? podria decirse afortunada por tener una asesoría como la suya pero había un problema…
–¿Qué dices, Afrodita? Tú mejor que nadie sabes que mis romances nunca terminan bien–retrucó para exponer su resignación a encontrar un compañero de eternidad –…perderías tu tiempo.
demetra-ceres-blogsent: Ares era peligroso como un jabalí serrano. Tenia que ser cuidadosa y no sacarle los ojos de encima. Camino precavida hasta él y le miro con insistencia antes de inclinarse hacia su rostro para dejar un fugaz beso en sus labios. Cumplido lo que debía se dio la media vuelta apurada por retirarse.
¿Qué quería? Los dioses nunca iban a verlo, muchos menos las diosas con la mágica excepción de Afrodita. Esperaba que alguna frase saliera de su boca para darle los motivos que la llevaron a arriesgarse estando a su frente pero fue en vano. Ella no hablo nunca. Solo se inclino sobre la punta de sus pies para alcanzar la estatura del formidable dios y beber del vino tinto de sus labios. Menos que el beso de una amante, fugaz y aterciopelado.
Ella quiso huir pero él no se lo permitiría sin algunas respuestas a cambio. La cogió de la muñeca sin mucha delicadeza.
“¿Adónde crees que vas, diosa de la tierra?”
La última de sus encomiendas penosas y la peor. Ares era un hombre intratable por el cual ella nunca demostró simpatía. De no ser por el gracioso de ocasión (ese dios raro de babilonia) jamás se habría acercado a él. Una cosa eran las asambleas del Olimpo y otra la vida diaria.
“¡No toques!” se apuró a contestar con brusquedad en lo que se soltaba de un tirón. A partir de las experiencias pasadas la diosa no aceptaba que ningún hombre que ella no quisiera la tocara. “No te hagas ideas, Ares. Estaba cumpliendo con un tonto juego. Nada más” explicó quizá no con la mejor educación.
demetra-ceres-blogsent: Estaba temblorosa ante lo que estaba apunto de hacer. ¿Por qué tantos nervios por algo tan simple como un beso? para nadie era un misterio su pasado juntos aunque de eso evitaran hablar en público o en privado. Respiro lo más hondo que pudo y camino decidida hasta el rey de los dioses a quien miro por un momento antes de inclinarse y dejarle un beso sobre el pomulo izquierdo.
Guardó silencio a la espera respetuosa del habla de la doncella, mirando con desconcierto el tímido gesto contenido en las facciones femeninas. Un brillo destiló su refulgencia dentro de los verdosos discos como anuncio de lo venido; fugaz beso que acarició la mejilla suave del rey, acto recuerdo de las épocas amantes.
Al robarle ella el calor de su contacto, tornó el rey a tenderse y, curvando los labios, sonreirle cuando su mano tomara para plantar otro beso en las falanges de sus dedos.
—-¿Acaso no olvidas el oculto fuego, Demetra mía?—jugó, prendido en reto, conciente de los males que sobrevendrían. No atendía a ellos, sólo al precario romancero. —Tan atrevida…
Sus planes eran sencillos: hacer lo mandado e irse por donde vino. No es como si estuviera esperando otra cosa del soberano de los cielos. No. Por supuesto que no. Su historia juntos hacia mucho que había terminado en buenos términos y ninguno de los involucrados tenia motivos grandes para recaer en lo mismo. Sin embargo el padre de los dioses era un coqueto que para cuando se dio cuenta ya le había apresado la mano dedicándole hermosa poesía desde sus perlados labios. Primero estuvo muy sorprendida por el acercamiento que disparó la abertura de sus ojos mas luego la sorpresa se transformó con rápidez en una pena enorme que rayaba en desesperación.
“¡OOOOH! ¡Tú siempre eres igual!” chilló todavía con la mano cogida y las mejillas echando fuego. Sin tardarse ni un instante empezó a sacudir tanto su extremidad como su cabeza que por poco no se desatornillaba de los tirones que accionaba. “¡SUELTA! ¡suelta!”
demetra-ceres-blogsent: Se movió acompañada por una cortina de hojas hasta la estancia del rey del inframundo a quien buscaba con impaciencia. Al encontrarlo lo observo un tiempo en silencio antes de avanzar los pasos restantes que los separaban. Estuvo a punto de moverse y cumplir la encomienda pero resolvió dejar el beso con suavidad en su pómulo izquierdo. Sintió un tacto de tristeza en eso...
Entre los escondrijos de tu Reino, estabas solo, sentado en una posición no muy apropiada para un Dios mucho menos para el Rey del Inframundo, diversos pensamientos vagaban en tu mente, ninguno sin verdadera forma, ninguna sin verdadera importacia como para buscarles un final adecuado.
Un beso fue lo que te hizo salir de tales enredos, abriste los ojos, más de lo que ya se encontraban. ¿Un beso? Tus dedos viajaron a la montaña en donde fuiste marcado, mirando a la Diosa rubia con reflejos esmeralda delante de él. ¿Y ahora? ¿Qué era lo que eso significaba? ¿Cariño de hermanos o una jugarreta de los entes ociosos que se asoman a fastidiar a todos, incluso a los Dioses.
Fue un tanto avergonzante descender a los reinos del Hades por la encomienda de un beso destinado a su gobernante. Refunfuño mucho primero casi como si evocara de alguna aniñada forma los indicios de una personalidad infantil aunque se contara entre las diosas más maduras de su generación. Era inevitable que luego de realizado el juego se encendieran sus mejillas como ejemplo a los demás de su decoro (cosa rara entre los dioses).
“Yo…” tartamudeó al verse atrapada en mitad de su crimen. “Pensaba que estabas dormido y… quise despertarte”. Sus palabras la traicionaron para boicotear su única oportunidad de anteponer un excusa que amortiguara lo sucedido. ¡Hades no era exactamente una bella durmiente para despertarlo a besos!